07:50 AM
Mierda me dormí! - Me levanto, me visto, me lavo la cara y los dientes, cojo la cartera, las llaves y los móviles, voy corriendo hasta el coche, sobrepaso todos los límites de velocidad, solo espero que esté Manuel en el control para tardar lo menos posible, hoy no tengo reunión pero como solo estamos Miguel y yo en la oficina, no quiero llegar tarde.
08:12 AM. He aparcado el coche, las luces de la oficina están apagadas así que Miguel todavía no ha llegado, hice bien en darme prisa.
La mañana estaba siendo tranquila, Miguel seguía sin aparecer por el trabajo – Ayer debió ir a tomar una y al final se debió de liar un poco – Pienso.
Pasadas las once de la mañana, tras un portazo, entra en la oficina Arnau, uno de los capataces.
Gaspar se ha caído – Me dice alterado.
¿Cómo? ¿Está bien? ¿Desde dónde calló? – Respondo incrédulo.
Cree que tiene una pierna rota, se calló mientras punteaba una de las estructuras. Todavía no he llamado a la ambulancia.
Cojo el teléfono, el chaleco reflectante y el caso, lo siento por la resaca de Miguel, pero tengo que llamarle.
Un tono, dos, tres… - ¿Sí?
¿Miguel? Soy yo. Oye tenemos un problema, Gaspar, uno de los soldadores se ha caído, espero, que de un andamio, mientras punteaba la estructura de una de las tiendas y creemos que se ha roto una pierna, necesito que vengas, así podré llevarlo a la mutua –
Oigo bullicio a través del teléfono – Oye, ¿Dónde estás? ¿Desayunando en un bar?
No, no estoy en un bar – Parece apurado, nervioso - ¿No te mandé un mensaje ayer diciéndote que me llamases, que era urgente? – Baja la voz y continua hablándome – Ayer de noche me llamó mi padre. Los han llamado a todos al cuartel – El padre de Miguel es militar de alto cargo, está en la reserva, esperando por la jubilación anticipada - ¿No has escuchado las noticias ahora por la mañana?
No – Continúo - la verdad que me dormí y vine todo apurado, con las prisas me olvidé de todo y luego pasó esto, ¿Qué ocurre? ¿Hay altercados aquí también? – Le respondo.
Por ahora no, no saben qué está pasando, pero seguro que llega a España. Hay muchos países que están en estado de emergencia y seguramente a lo largo del día de hoy declaren el estado de excepción y también están pensado en cerrar muchas fronteras. La recomendación de mi padre es que llenemos la nevera, puede haber problemas de suministros, carne, leche, no se, ¡cervezas! – Ríe - Yo estoy comprando de todo, si la cosa se alarga…
Vale te entiendo, pero ¿No es un poco precipitado? Aquí por ahora no hay altercados y no veo por qué tanta prisa – La verdad que me parece algo precipitado.
No se, haz lo que quieras, yo te recomendaría que fueses a comprar, no vaya a ser que esto se extienda por aquí y la gente llene los centros comerciales comprando alimentos.
Me parece algo absurdo, la verdad, ahora mismo lo único que me preocupa es llevar a Gaspar a la mutua para que le miren la pierna – Mira Miguel, tengo mucho lío, cuándo acabes de comprar por favor pásate por aquí, nos vemos.
Cuelgo el teléfono, subo a ver a Gaspar, la verdad que me cabrea un poco que Miguel no esté aquí.
Entre tres personas, lo bajamos hasta dónde aparcan las furgonetas del trabajo y lo metemos en una de ellas para llevarlo a la mutua.
Media hora después, ya en la sala de espera, en la televisión dan un pequeño avance informativo. Alemania, Dinamarca, Holanda, Italia, Suiza, todos los Países Nórdicos, prácticamente todo Europa están en Estado de Alerta. Aunque el bloqueo informativo sigue siendo constante, hay muchas grabaciones caseras similares al vídeo que colgó Raúl ayer en el Facebook. Todas tienen algo en común, indigentes con ropas desgarradas atacando a la gente y la policía y además cada vez es más gente la que actúa así.
Por un momento creo que estoy empezando a tomar en serio a Miguel.
Llaman a Gaspar, es su turno.
Oye he llamado a mi mujer, vendrá a buscarme, así que si quieres ya te puedes ir.
Me subo a la furgoneta, pongo la radio, siguen dando las mismas noticias y según pasan los minutos, más países se unen a la lista de Estados en situación de Emergencia. Cojo el teléfono, llamo a mis padres, a Noa y a algún amigo, les cuento lo que me dijo Miguel, a la mayoría les parece una broma, pero dado mi tono de seriedad y mi insistencia, al final parece que deciden hacerme caso.
No me gustaría que cundiera el pánico por mi culpa y se llenasen los supermercados de gente, así que cuando llego a la obra, simplemente comento que tengo que salir pronto y de inmediato cojo mis cosas, me subo en el coche y me dirijo a la puerta Foxtrot, la más rápida para ir al centro comercial que hay cerca del aeropuerto.
Cuándo aun estoy conduciendo por dentro del aeropuerto, pienso si en realidad fue un egoísta no decirle a los trabajadores la verdad de mi ausencia.
Tal vez debí avisarlos también – Pienso – Aunque por otro lado igual soy yo el que se está precipitando y al final resulta que ni hay problemas de suministros… Pero… la radio no para de dar noticias de última hora y a cada minuto hay más países en estado de alerta y las imágenes que vi en la sala de espera de la mutua…
Tras varios minutos de divagaciones, llego al centro comercial, parece que hay la misma gente que lo que acostumbra a haber un día normal. Finalmente decido hacer una compra normal, prevenir pero no desvariar, algo me dice que al final todo se solucionará y no quiero tener la despensa llena de comida y la cartera vacía de dinero.
Compro leche, pasta, carne, pescado congelado, tomates y verduras en lata, cola cao, algunas bebidas, unos cuantos noodles tailandeses a los que nos hemos aficionado, algunas pizzas pre-cocinadas y algunas cosas más, al final, he comprado más o menos lo mismo que cuando solemos venir a principios de mes.
Casi a las dos de la tarde llego a casa fatigado por haber tenido que subir la compra yo solo, demasiadas bolsas para una sola persona.
Coloco la comida por los armarios y meto la carne y el pescado en el congelador. Ahora mismo tengo la despensa bastante llena.
Mientras como, pongo las noticias, los altercados en las ciudades monopolizan el informativo. Empiezo a pensar que si que hice bien al ir a hacer la compra.
Media Europa ha cerrado sus fronteras, Estados Unidos, China, Alemania, Italia, Dinamarca y Los Países Bajos, han declarado el estado de excepción y hace horas que no hay noticias de Japón.
Interrumpen una de las conexiones con el corresponsal en Estados Unidos para dar una noticia de última hora.
Nos comunican que se han producido incidentes violentos cerca del Hospital Puerta de Hierro, allí se encuentra.. – Llaman al timbre dos veces.
Seguro que es Esteban, siempre toca el timbre de la misma forma.
¡Qué pasa chaval ¡ ¿Estabas viendo las noticias?
Precisamente – Indico la televisión a mi espalda - ¿Quieres algo de comer? – Le pregunto.
Qué va, acabo de comer – Pone cara risueña y se frota la barriga. Mira a la tele, la señala con el dedo.
¡Joder! Ese si que está hambriento – Me mira sorprendido.
Me doy la vuelta y veo el por qué de su sorpresa. Están poniendo imágenes del Hospital Puerta de Hierro.
Un medico sale tambaleándose lentamente por una de las puertas del hospital. Está cubierto de sangre y se está comiendo algo, ¡Parece un pié! – Gritamos a la vez Esteban y yo.
En la acera, a unos 15 metros de distancia, varios policías arma en mano gritan al sospechoso.
Oye – Miro a Esteban - ¿No se supone que los altercados los producían activistas antisistema?
¡Mira, mira, hay más! – Parece que mi vecino y amigo está disfrutando con esto.
A pocos metros del médico, salen dos personas más, una señora mayor, con el pijama azul que te ponen cuándo te van a hacer alguna prueba y una niña, vestida con el uniforme de un colegio pijo.
La escena es grotesca, la señora vestida con el pijama azul camina de forma extraña, como si su cadera estuviese desencajada y la niña, completamente desfigurada, se tambalea de un lado a otro ya que su pierna izquierda se apoya en un muñón ensangrentado en vez de en un pié.
Pasados unos momentos de incertidumbre, abren el plano de la imagen y enfocan calle arriba. Vehículos del ejército recorren la calle a mucha velocidad. Rápidamente se despliegan en torno al hospital y a diferencia de los policías del vídeo que grabó Raúl en Amsterdam, abren fuego contra el médico, la anciana y la niña sin antes mediar palabra. Contados disparos, otra vez el chasquido y el sonido que produce un melón empezando a pudrirse estampado contra el suelo.
Los soldados entran en el hospital.
Devuelven la imagen al estudio, la cara de los presentadores es, a mi suponer, la misma que la mía y la de Esteban, cara de perplejidad pura y dura, la boca relajada, un poco abierta, los ojos fijos en las pantallas ni parpadean, nadie sabe qué decir. Tras unos eternos segundos continúan como pueden con las noticias, volviendo de vez en cuándo a emitir imágenes del hospital, pero ahora ya mucho más lejanas.
Esteban vuelve a su casa para llamar a su familia y yo vuelvo a llamar a mis padres y a Noa. También trato de localizar a mi hermano, se fue a recorrer Sudamérica hace casi 15 días con unos amigos y no suelen tener mucha cobertura. Tras intentarlo varias veces, le envío un correo electrónico explicándole un poco la situación, algo complicado por otro lado, ya que nadie sabe muy bien lo que está pasando exactamente.
Paso la tarde hablando por teléfono en casa, las televisiones, la radio, Internet, todo medio de comunicación solo habla de los incidentes dentro y fuera de nuestro país.
Despliegues militares en las ciudades, ataques, incidentes, heridos, desinformación y más desinformación
Algo está pasando y ya es generalizado en casi todo el mundo.
Algo está pasando…