Una historia Z

Unicamente quiero contar mi historia

miércoles, 29 de septiembre de 2010

D -10

Hasta hace 2 años nunca me había subido a un avión, la crisis y la falta de trabajo en Asturias cambiaron todo esto. Me marcho de mi tierra, mi ciudad, mi barrio, volando 1140 km hasta la que es ahora mi casa.
Mi maleta que cuándo empecé las vacaciones pesaba 12 Kg ahora pesa casi 20, este incremento se debe a que entre la madre de Noa y la mía se han encargado de incluir en mi equipaje 8 kg de embutido, queso y productos de “la Tierra” para que nos mantengamos “sanos”.
Tras 15 días en Gijón de vacaciones, mañana tocará volver a la rutina del trabajo. Preferí volver el domingo porque así tendré tiempo de poner una lavadora y hacer algo de comida para la semana. Noa, afortunadamente para ella, todavía podrá disfrutar de otros bien merecidos 15 días de vacaciones, los últimos meses la pobre ha tenido mucho trabajo.
Tras una hora y media de vuelo y dar cuenta de un paquete de galletitas de limón y un zumo de manzana en el avión,  desembarcamos por la puerta 38 de la Terminal D del aeropuerto de Son Sant Joan en Palma de Mallorca. Otra vez aquí, pienso. La cosa, es que me extraña mucho que hayamos desembarcado en la Terminal D puesto que generalmente este vuelo lo hace por la “C”. Cuándo llego a la unión entre Terminales miro a la derecha y veo que el pasillo que estoy contemplando, se acaba a unos 5 metros porque está tapiado por un muro de pladur con carteles informativos en los que pone:

“ZONA DE OBRA, ESTAMOS AMPLIANDO NUESTRAS INSTALACIONES, DISCULPEN LAS MOLESTIAS”.

Me dirijo hacia lo que parece una puerta en la pared de pladur y tras buscar en mi mochila, saco unas llaves con un llavero etiquetado como “OBRA”.  Al cruzar el umbral, atravesar todo un edificio inmenso en obras y bajar a las zonas de servicio del aeropuerto en un montacargas, veo lo que es desde hace un año mi puesto de trabajo, una caseta modular prefabricada, de unos 30 m2 en los que comparto espacio con mis dos compañeros,  Pau un arquitecto catalán y Miguel un ingeniero aeronáutico de León. Una extraña combinación que junto a mí, un ingeniero industrial, ha resultado ser muy fructífera. Entro en la oficina, en mi escritorio encuentro varias anotaciones de mis compañeros dejándome mensajes. Busco en mis cajones las llaves de mi coche, las cuales dejé en la oficina por miedo a perderlas durante las vacaciones. Tras encontrarlas y dejar unos bollos preñados en la nevera para que los podamos disfrutar mañana a la hora del desayuno, me dispongo a ir a buscar mi equipaje, coger el coche del parking y  volver a casa, son las 3 de la tarde y tengo bastante hambre.
Al llegar a casa, al vaciar la maleta y colocar todo el embutido en la cocina, me doy cuenta de que no tengo que poner ninguna lavadora, mi madre ha creído conveniente lavarme y plancharme toda la ropa que había llevado, para que así tuviese menos trabajo cuándo llegase.
Me siento en el salón y acompaño un vaso de vino con unas buenas tapas de longaniza salmantina, lomo curado y queso de oveja delante de la televisión. Aprovecho también para actualizar mis redes sociales y descargar las fotos que hice durante las vacaciones, leer el periódico y finalmente tumbarme a ver un poco la televisión.
Durante la tarde, me dedico a preparar comida para la semana, hacer una lista de la compra y recoger el material de escalada que había dejado secando antes de marcharnos, puesto que la última vez que estuvimos “trepando” nos cogió un aguacero de verano en cuestión de minutos y no pudimos resguardarnos en ningún sitio. Reviso el material por si a causa de la lluvia pudiese tener algún desperfecto y así tener la excusa perfecta para ir a la tienda de montaña a reponerlo y de paso intentar comprar unos pantalones grises con refuerzos de kevlar que había visto antes de marcharme, desafortunadamente, mi gozo en un pozo, el equipo está impoluto y reluciente.
A la hora de cenar aprovecho para comerme un buen solomillo de los que aún tenemos en el congelador de cuándo vinieron mis padres a visitarnos en junio, pongo la televisión, a ver si consigo ver las noticias, si así pueden llamarse en agosto. Noticias de la crisis y las diferentes soluciones que han tomado las familias en las vacaciones. Supongo yo, que todo el mundo hizo como nosotros, aprovechar que tu familia tiene una casa en “el pueblo” o cercana a la playa y visitar todas las fiestas de los alrededores, quedar con los amigos, etc etc etc… , datos de las operaciones salida y llegada, más datos de la crisis y en los deportes, mayoría de noticias sobre el Barça y el Madrid y sus giras por el Mundo, ola de calor en Europa y Norteamérica, inundaciones en Asia… algo está pasando en La Tierra.
Al final del informativo una reseña sobre una instalación en una plataforma petrolífera en El Mar del Norte en la que ha habido un accidente, en principio se cree que no hay muertos y que tampoco hay españoles entre el equipo que trabaja allí, mal sitio para trabajar, muy poco sitio dónde ir, pienso.
Cuándo me dispongo a poner una película, pican a mi puerta, es Esteban, mi vecino, un loco sevillano emprendedor que tiene una empresa de instalaciones en general, fontanería, electricidad, energías renovables y, a parte, tiene un negocio clandestino de venta de marihuana que él mismo cultiva. Me da la bienvenida, está muy contento puesto que el viernes consiguió que los gestores de la finca aceptasen la instalación de un sistema de energías renovables en el edificio. ¡Unas placas al menos! Dice con resignación, si fuese por él, tendríamos el tejado lleno de placas fotovoltaicas y aerogeneradores, afortunadamente para los vecinos colindantes la legislación pone ciertos límites. Por lo menos, dice, como somos 8 vecinos, seguramente nos ahorremos bastante dinero en las facturas. También me informa que nos ahorraríamos un dinero importante si le ayudo con el proyecto y la legalización de la instalación, de esa manera “todo queda en casa”. Finalmente y para nada menos importante, se acuerda de comentarme que ¡él y Laura van a tener un niño! Vamos que Laura está embarazada y que él espera que sea un niño, le abrazo y la verdad que me alegro mucho por ellos. Quedamos que cuándo vuelva Noa, cenaremos todos juntos en una de las casas para celebrarlo.
Me pongo una de las últimas películas que me descargué antes de marchar, una reunión de míticos actores de películas de acción, en la que buscan la excusa más absurda para disparar a insurgentes malvados o tiranos dictadores, absurda pero entretenida.
Son las once y media, estoy cansado, llamo a Noa para hablar con ella un rato y reactivo el despertador, 07:00 AM, vuelve a marcar la pantallita digital, mañana vuelta a la rutina. Conecto el aire acondicionado y pongo el temporizador, no quiero llegar mañana a trabajar con afonía, ya me había acostumbrado a las frescas noches de verano asturianas, esto es otra cosa. 

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